Sentarme frente al PC a escribir en una mañana fría. Mís partes sensibles aún erizadas por el viento mañanero me recuerdan mi feminidad y divinidad intrínseca que me permite jugar por mi mente, explorando momento a momento, segundo a segundo, palabras y gestos que no son más que reflejos del agua que baña mi espíritu y le permite danzar con alegría y gozo. Mis manos imparables, rosan las teclas con suaves caricias, dejándome fundir con la elegancia y locura de la poesía y la literatura que sale que las yemas; eyaculan precoces sin aviso, palabras que se forman en el lugar consciente de mi Ser, que se une con la totalidad para resonar y entonar versos, para escribir canciones, rimas, poemas y novelas de vidas tatuadas por el amor. Despacio abro mi corazón, mi herida. Poco a poco dejo ir el ardor y veo como se disuelve con el viento y las caricias, veo como respira la herida pero logro asfixiarla con el ahora. Ahora me acompaña mi felina con ojos color de vegetación, que me recuerda lo s...
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