Sentarme frente al PC a escribir en una mañana fría. Mís partes sensibles aún erizadas por el viento mañanero me recuerdan mi feminidad y divinidad intrínseca que me permite jugar por mi mente, explorando momento a momento, segundo a segundo, palabras y gestos que no son más que reflejos del agua que baña mi espíritu y le permite danzar con alegría y gozo. Mis manos imparables, rosan las teclas con suaves caricias, dejándome fundir con la elegancia y locura de la poesía y la literatura que sale que las yemas; eyaculan precoces sin aviso, palabras que se forman en el lugar consciente de mi Ser, que se une con la totalidad para resonar y entonar versos, para escribir canciones, rimas, poemas y novelas de vidas tatuadas por el amor. Despacio abro mi corazón, mi herida. Poco a poco dejo ir el ardor y veo como se disuelve con el viento y las caricias, veo como respira la herida pero logro asfixiarla con el ahora. Ahora me acompaña mi felina con ojos color de vegetación, que me recuerda lo salvaje, inocente, libre y silvestre que puedo llegar a ser en la Tierra y el Cielo.
La vida y Un clavel
Entre el vino y la pasión El deseo y la razón Entre los ojos dos destellos, Y entre mis pechos... un clavel. El violeta de su piel apareció Tan repentino como como el astro Sol Y en las hondas cavernas del dolor Aún existía un camino para su olor. Los átomos palpitaban y mi cuerpo hervía Finas yerbas del Edén acariciaban con calidez dos espíritus de Eros Aquellos que luchaban en inocencia por un un deseo Aquellos que no se verán más hasta encontrarse en el Universo. De pronto estalló en mi pecho un volcán de vida. El olor a vida, el sabor a vida... La vida misma sobre mi piel Deslizándose como una oruga Hasta encontrar el clavel.
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