Un abrazo soñado

Sin llamar su presencia aún cuando deseaba sentirla, ella se sentó en una piedra grande y un poco verdosa al lado de un río magenta que guardaba el vacilante reflejo del sol de mediodía. Miró el cielo con sus ojos brillantes y en ellos, sentimientos, deseos y nombres que le cantaban al río sus versos con la mera intensión de despojarse de ello que ahogaba su soledad. Recordó que algunos amigos la esperaban al borde de la carretera, a unos pasos de la rivera, entonces, desdoblada y serena dio vuelta y caminó junto a ellos, sonriendo, aventureando y sin prejuicio alguno de su libertad, sin embargo, su alma sabía que él habitaba en algún lugar de su ser, esperando su abrazo, tal vez en un atardecer.
No pasaron muchas horas antes de que el agua viva escuchará el canto de su espíritu. De pronto, sintió una suave briza que le erizó la piel y percibió un aroma en el ambiente que la hizo sonreír; al darse vuelta y encontrarse con él, lo único que hizo fue abrazarlo, un abrazo tan sincero, tan recíproco, tan profundo que la llevó a un trance de colores dónde vibraban sus energías y brillaba el amor. Él los acompañó en su viaje, aquel que ya solo daba pasos de sonrisas y canciones. Fueron a un parque de diversiones, a un recital de música árabe y de regreso pasaron por el río aquel que transportó los deseos de aquella infante que alucinaba con sentirlo cerca, solo sentir su calor cerca de su cuerpo y verle a los ojos por unos instantes permitiría un viaje al paraíso de sus sueños.
Allí, en el río él tuvo que partir y de despedida, otro abrazo como esos. De golpe me desperté y aferrada a él temía abrir los ojos, pero cuando me di cuenta que ya nada podía hacer para volver allí, me levanté de la cama y sonreí, aún explotan las sensaciones de ese abrazo en mi pecho y en mi interior.

Comentarios

Entradas populares de este blog

La vida y Un clavel

Hey! ¿No te gustaría que camináramos juntos?

Al pensarte...