ATLÁNTIDA

El nirvana, emanado en su aura, permite contemplar la Divinidad desde las palabras ausentes que se transforman en gestos, y una mirada con destellos que emergen del templo donde mora su alma, en el que ansío sumergirme alguna vez, tan profundamente, hasta poder sentir cómo la arena delgada que reposa en el fondo se desliza entre mis dedos... Y así se acabe mi oxígeno por ir tan profundo, me ahogaría con dicha y plenitud, por haber podido lograr contemplar la totalidad de su ser desde el templo dorado que guarda el infinito océano de sus ojos... MAESTRO...

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