Universos que se reflejan en la eternidad del Cosmos
Sentir como el fuego
del espíritu crece hasta envolverme en un aura cálida que abraza mi ser y mi
existencia. Comprender lo que hay tras los ojos palpitantes de aquella iguana
que predica bajo un rayo de sol honrando a sus antepasados jurásicos. Poder
sentir el agua y su vibración creada por las ondas de los renacuajos y futuros
peces, deleitarse con la serenidad, firmeza y gracia de los patos que van
coqueteando con su entorno dejando brillar sus resplandecientes y majestosas
plumas.Es allí cuando mi
alma, cual flor de loto sobre la laguna verde que contiene el reflejo del
cielo, se compenetra con el tronco de un árbol adulto que alberga la vida que
colorea y sonoriza el lugar. La Tierra. Mi casa Madre ansía con amor nuestra
llegada; me regocijo en su útero sacro y palpitante donde alberga el gran
misterio y donde encuentro el bienestar
que mi ser necesita.
Contemplo con palabras y silencios la magia y belleza natural que me envuelve. Tan solo este momento se puede convertir en mi eternidad, de hecho, lo es. La eternidad de mi existencia yace en las gruesas ramas que se extienden al sol en espiral, mientras llega la noche y vislumbra la Luna para intentar tocarla. Yace en el misterio y la inmensidad del agua; el océano tararea un canto que me acuna y cierro los ojos dejándome ir en el vaivén que se impregna de magnitud y belleza. Belleza que me contiene y me regala los besos sagrados del Gran Espíritu, el Maestro; Maestro que se esconde tras los ojos de los seres de Luz. Ser uno con la totalidad es poderse ver reflejado en otros universos. Mi imagen clara, brillante y serena reflejada en lo convexo de los ojos de esos seres con los que hablo a través de voces silenciosas del interior, que salen como gritos y cantos de gloria por las pupilas negras que se funden en el cosmos al encontrar nuestras galaxias.
Qué alegría poder verte reflejado en el otro y comprenderlo, sentirlo y agradecer por ello, pero ¡ojo! No dejes que ese reflejo te impida ver la divinidad escondida en el otro, no dejes que tu propia imagen invada los sentidos; sé consciente de tu reflejo y del espejo en el que se refleja, pero no dejes que ello sea un obstáculo que te pone el ego al encontrarte con la profundidad del infinito que contienen los ojos de los seres en los que navega tu alma.
Contemplo con palabras y silencios la magia y belleza natural que me envuelve. Tan solo este momento se puede convertir en mi eternidad, de hecho, lo es. La eternidad de mi existencia yace en las gruesas ramas que se extienden al sol en espiral, mientras llega la noche y vislumbra la Luna para intentar tocarla. Yace en el misterio y la inmensidad del agua; el océano tararea un canto que me acuna y cierro los ojos dejándome ir en el vaivén que se impregna de magnitud y belleza. Belleza que me contiene y me regala los besos sagrados del Gran Espíritu, el Maestro; Maestro que se esconde tras los ojos de los seres de Luz. Ser uno con la totalidad es poderse ver reflejado en otros universos. Mi imagen clara, brillante y serena reflejada en lo convexo de los ojos de esos seres con los que hablo a través de voces silenciosas del interior, que salen como gritos y cantos de gloria por las pupilas negras que se funden en el cosmos al encontrar nuestras galaxias.
Qué alegría poder verte reflejado en el otro y comprenderlo, sentirlo y agradecer por ello, pero ¡ojo! No dejes que ese reflejo te impida ver la divinidad escondida en el otro, no dejes que tu propia imagen invada los sentidos; sé consciente de tu reflejo y del espejo en el que se refleja, pero no dejes que ello sea un obstáculo que te pone el ego al encontrarte con la profundidad del infinito que contienen los ojos de los seres en los que navega tu alma.
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