La ilusión

El mago usa sus artimañas para crear ilusiones que sorprendan al público, a la audiencia, que admira con sigilo sus movimientos libreteados y sus trucos que aunque estén bajo o fuera de la manga de la chaqueta, nunca logran comprender, pues la atracción y la agilidad del ilusionista para hacer el truco, es cosa de rapidez y engaño, algo premeditado; que para el sujeto que contempla el acto, y al mismo tiempo hace parte de él, todo ello pertenece a un show que lo envuelve por completo, solo estar unos minutos frente a la imagen del mago y sus trucos, solo eso basta para convencerse de la magia, simplemente queda anonadado tratando de asimilarlo todo, sin embargo, al no encontrar respuestas ni soluciones racionales al fascinante y perfecto show, opta por reconocer la verdad que se le ha planteado mediante la ilusión y decide convencerse de ello hasta que encuentre una manera de explicar y comprender el misterio que encierra el acto.

Y así comienza toda nuestra vida, nos implantan ideologías, creencias, saberes y valores predeterminados, trucos que, bien o mal, nos estructuran la existencia desde la primera etapa de raciocinio; los maestros no hacen más que cumplir a la Nación con sus objetivos de formar ciudadanos capaces de cumplir a la patria. Cuando el muchacho sale del bachillerato se entrega a las fuerzas militares de su país, pues de esta manera cumplirá con su labor como ciudadano y devolverá al Estado todo lo que se le ha dado, pagando no solo con su fuerza y coraje, sino con su vida misma. En lugares como el ejército, la escuela convencional y la sala de la casa a la hora de la cena, cuando toda la familia se reúne a comer mientras ve la televisión, es donde se lleva a cabo el acto central; se abre el telón y con una sonrisa que esconde un mandato, se impone un decreto que retumba en el pueblo, aturdiendo los enceguecidos obreros que digieren el arroz en sus platos mientras tragan imágenes amarillas que encandecen sus pupilas, material fotosensible en el que se registra para siempre la información que recibe.  

El Estado, los medios, los magos, ilusionistas, o como se les quiera llamar, primero analizan su público para saber qué carta tirar, pues bajo la manga del mago, nada puede faltar. Cuando la audiencia lista se prepara para ver el show, un sinfín de símbolos y técnicas usadas en la ciencia del misterio, salen a la luz para entrar a escena. Aplausos dan inicio a la presentación estelar. Las palabras y los gestos precisos atrapan a las personas que ansiosas y atentas se disponen a recibir en su cerebro un enigma que intentan descifrar al final del show, pero que derrotados encuentran en esa ilusión, lo único que necesitan saber para aplaudir el tan majestuoso acto fantasioso que tanta emoción generó en ellos.

Pero el mago no contaba con que en las gradas, apartada de todos, se encontraba una hermosa mujer guerrera, defensora del bien, llamada Justicia. Quien desde su cómodo asiento ríe a carcajadas, burlándose del pobre ilusionista que pensaba tener a todo el público ganado, y mientras mira con compasión a los otros, se levanta de su lugar y con un grito que contiene su nombre, libera de las vendas que cubren sus ojos a todo aquel que enceguecido, aplaudió y se unió al poder de atracción de la ilusión. Ahora sus rostros miran el puño que se ilumina con las luces del escenario y sus brillantes y empapados ojos abrazan al compatriota que tiene al lado, para que juntos marchen sobre las gradas hasta llegar a las tablas, donde se encuentra el mago indefenso y sin una carta más. La victoria de la justicia contra la ilusión ha sido ganada gracias a la unión. 

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