En una noche fría ...

Ilustración de otoño
Por: Jennifer Gutierrez

En una noche fría, cuando las estrellas apenas alumbran y la luna está refugiada, nos encontramos solos en la habitación, con la piel erizada por el frio aire que entra por debajo de la puerta y por las hendiduras de esa ventana de madera que se contrae con la humedad y hace un sonido no muy agradable, pero que en ese momento, arrulla nuestras miradas.
Mi exclamación al tener frio desviste una propuesta inocente pero pícara; solo necesitábamos algo de “calor humano” para dejarnos llevar por el sueño y así incursionar en un mágico momento a la hora de dormir. Él llegó frente a mí, su espalda era mi frente; opté por pasar mi brazo por su cintura e insofacto él entrecruzó sus dedos y los míos. A decir verdad, era un momento incómodo, pero me sentí segura y bien; estaba nerviosa y mi respiración era fuerte; jugueteamos con los pies bajo las cobijas y en un momento sentí dormirme.
No pasaron más de 3 minutos cuando él se dio vuelta y quedamos frente a frente; fingíamos que nada pasaría, sentía su corazón y supongo que él sentía el mío; entrecruzamos las piernas para darnos calor, el me abrazó, yo lo abracé y me sentí tan refugiada en él que cualquier movimiento involuntario de un músculo me hacia sonreír. Estábamos tan juntos y sentí un juego de energías tan vivo que fantaseé con un beso. Entonces, guiada por su piel, su olor y su respiración, fui explorando con mesura su rostro sin que él se enterara. En ese recorrido miles de sensaciones y pensamientos invadían mi ser y no sabía lo que estaba pasando, me atreví a pensar que él también estaba haciendo lo mismo que yo, pero por el hecho de no ilusionarme, dejé ese pensamiento a un lado y seguí decidida a tomar el primer paso. En ese momento, ya mis labios parecían estar en su mentón, cuando de repente un movimiento inesperado, permitió que me cerciorará si iba por el camino correcto; después de descubrir que estaba a solo unos centímetros de sus labios, me detuve, pero para esta instancia el ya estaba consciente de que ambos estábamos luchando por el mismo objetivo, entonces en un suave y tierno movimiento, nuestros labios se encontraron y delicadamente nos dimos tres besos suaves y ese momento de dulce calor cesó al instante.

Comentarios

Entradas populares de este blog

La vida y Un clavel

Hey! ¿No te gustaría que camináramos juntos?

Al pensarte...