Escribiendo al escritor e imitando su final


Fotografía Por: Juanse Molina


Aquel día tan especial para mí, se convirtió en un incierto al leer un mensaje que esa persona había dejado en mi red social. De pronto los nervios se pusieron de punta y el deseo de escuchar su voz cada vez se hacía más intenso, me rodeaba mucha gente pero solamente pensaba en él, mi celular sonaba cada cinco o diez minutos y con cada llamada se me aceleraba el corazón por pensar en la posibilidad de que él llamara. Una de mis mejores amigas preguntó el por qué de mi comportamiento y la respuesta surgió de recuerdos y sentimientos que para ese entonces todavía habitaban en mí.

Recordé sus palabras y las tantas veces que en ellas me sumergí, entonces comencé a imaginarme como sería su voz, las palabras que me diría y la reacción que yo tomaría. Así que en la ansiosa espera de escuchar su voz y mi desespero por recibir la llamada hizo que me perdiera un rato del mundo, entonces caminé a un lugar alejado de todo, un hermoso lugar donde el cielo matizaba un color rosa y los dientes de león me rodeaban, allí me senté en una roca a escribir y a imaginar.

Eran casi las cinco de la tarde cuando contesté mi celular y una voz calmada pero un poco nerviosa al otro lado me decía feliz cumpleaños, sin saber que decir empecé a reír. Descubrí que aquella voz era que siempre quise escuchar y llegué a pensar: Su voz será tan profunda como sus textos?.. Eran preguntas que solo serian acertadas o erróneas  si me tranquilizaba y hablaba con él.

-Hola, disculpa la risa, es que no sabía que decir

-Tranquila, yo también estoy nervioso pero… siempre hay una primera vez

-Así que vos sos Juanse? Por fin conozco la voz de aquel que me cautiva con sus letras. Es un placer estar hablando con vos, pero la verdad, no pensé que me llamarías.

-Por qué, que mejor ocasión para conocernos que tu cumpleaños?

-Ah!  Así que hoy nos vamos a conocer?

-Si vos lo permitís, así será

-Esta bien!



Después de unas cuantas palabras fijamos el lugar y la hora del encuentro, ya estaba más calmada pero al saber que lo tendría en frente me erizaba la piel. Pasaron unas dos horas y tomé un taxi que me condujo hasta su casa, que por cierto era hermosa y estaba sola, la casa de Juanse quedaba a las afueras de la Cuidad, por lo cual me fui abrigada.

Al llegar, lo primero que hice fue abrazarlo y tomarnos una foto para el recuerdo. Me invitó a entrar, su casa era inmensa y de un leve aspecto tenebroso. Nos sentamos en un sillón rojo que había que en la sala y conversamos un rato mientras de fondo se reproducía el disco de Jere, aquel del que tanto me había hablado.

Cerca de las diez de la noche, el teléfono de la casa sonó y Juanse fue a contestar. En ese momento mi espíritu explorador despertó y surgió la curiosidad de conocer un poco más la casa aprovechando que el anfitrión estaba ocupado. Me dirigí hacia las escaleras y subí al segundo piso, allí estaban las habitaciones y dos baños, mi osadía me permitió entrar sin permiso a una de las habitaciones, de casualidad era la de Juanse. Había varios pares de baquetas en una mesita de noche y una colección de música en una repisa, dirigí mi mirada rápidamente hacia el closet y sentí de nuevo curiosidad por saber que había dentro de él, supuse que solamente iba a encontrar ropa, pero al abrir la puerta encontré algo inesperado.

La imagen que vi me impactó, pareciera la narración de una de sus macabras historias con final inesperado, tan inesperado como lo que me había encontrado. Un cuchillo medio sangrado, centenares de agujas, esposas, tapaojos, espejos, todo sutilmente organizado al lado de unos medicamentos. Estaba tan asustada y confundida que dejé caer una caja que estaba puesta sobre el closet, con esto Juanse subió corriendo a ver que sucedía. Al verlo entrar a la habitación el miedo invadió mi ser y quise salir corriendo pero el me detuvo, me agarró fuertemente la mano y me tapó la boca, me puso contra la pared y se volteó a tomar el cuchillo que tenía guardado y medio ensangrentado, debo decir que el también estaba nervioso, y tal vez de esos mismos nervios dejó caer el cuchillo y en un intento desesperado por volverlo a recuperar logré soltar  una mano, pero todo parecía ya tardío, pues el tenía de nuevo el cuchillo en sus manos. En ese momento recordé cada una de las entradas del blog y entendí el porqué de su estilo a la hora de narrar, pero atemorizada recordé que estaba en la escena, que yo era parte de una de esas historias que luego escribiría, que yo sería el tema de otra historia aparentemente inocente y ajena a él pero cautivadora. Estaba en frente mío a punto de enterrarme el cuchillo y supongo que ansioso de disfrutar mi dolor;  vi el impulso de su brazo acercándose a mi pecho y  la mano que había logrado desatar tomó rumbo hacia  él y en un movimiento  rápido e inconsciente enterré el cuchillo en su abdomen, él gritó y yo no supe que hacer, me sentía culpable pero  a la vez salvada y en libertad. Lo único que se me ocurrió hacer fue salir corriendo.

Al día siguiente, en la misma red social que Juanse me había escrito el día de mi cumpleaños, todos comentaban que el joven y exitoso escritor había sido asesinado en su propia casa con un arma blanca, ese mismo día lo leí en el periódico y lo escuché en la radio, todos decían que ya el o la sospechosa estaba a punto de ser arrestada. A las tres y diez y ocho de la tarde del cinco de marzo alcancé a escuchar la sirena que se acercaba a mi casa. Han pasado dos meses y estoy tras las rejas, cada día siento que enloquezco más, he asesinado a uno de los personajes que más admiraba y ahora solo me queda continuar escribiendo en memoria de él.

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